La frustración es una experiencia emocional universal, y a lo largo de las diferentes etapas evolutivas puede manifestarse de manera particular en cada individuo, dependiendo de factores como la edad, el contexto social, y las habilidades emocionales que se han desarrollado. Acompañar a mis pacientes en estos procesos de frustración me ha permitido observar cómo este fenómeno se entrelaza con los patrones de comportamiento, los miedos y las expectativas, y cómo, dependiendo de la etapa de la vida, se convierte en una poderosa herramienta de crecimiento o en una barrera que genera sufrimiento.
Infancia: Descubrimiento y Aprendizaje
Durante la infancia, la frustración es frecuente porque lxs niñxs están en constante descubrimiento de sus limitaciones. Aquí, el proceso de frustrarse puede ser tan sencillo como no poder alcanzar un juguete o no entender cómo encajar una pieza de rompecabezas. Lo interesante es cómo los adultos responden ante estas frustraciones. En mi trabajo, he visto que cuando los padres intervienen demasiado rápido para aliviar la frustración, el/la niñx pierde una valiosa oportunidad de aprender sobre resiliencia y resolución de problemas. En cambio, el acompañamiento consciente y la observación atenta permiten que el/la niñx desarrolle recursos internos para manejar su incomodidad y perseverar en la búsqueda de soluciones.
Adolescencia: Identidad y Expectativas
La adolescencia es una etapa marcada por la búsqueda de identidad y la redefinición de las relaciones con el mundo externo. La frustración en este periodo surge, en gran medida, por la discrepancia entre lo que los adolescentes creen que deberían ser o tener y lo que realmente son o tienen. En esta etapa las relaciones, las expectativas familiares y sociales suelen ser fuente constante de tensión. Resulta importante explorar para contactar con lo que verdaderamente sienten y necesitan, en lugar de quedarse atrapados en las expectativas impuestas o autoimpuestas.
Juventud Adulta: Realización y Logros
En la juventud adulta, la frustración toma otra dimensión, muchas veces vinculada a la realización profesional y personal. Esta etapa viene acompañada de decisiones importantes: la elección de carrera, el deseo de independencia económica y afectiva, y el reto de establecer relaciones maduras. Es un momento en el que los fracasos o los caminos no elegidos pueden generar una gran carga emocional. En mi propio proceso, como psicóloga y migrante, experimenté una profunda frustración cuando, tras mudarme a España, me vi obligada a repetir mis estudios. Sin embargo, hoy entiendo que esa frustración, al ser elaborada, me brindó la oportunidad de profundizar tanto en mi formación como en mi autoconocimiento, lo cual ha enriquecido mi práctica terapéutica. Este tipo de aprendizaje transformativo es algo que busco transmitir a mis pacientes, para que puedan ver las frustraciones no solo como obstáculos, sino como oportunidades para el crecimiento personal.
Edad Adulta Media: Roles y Responsabilidades
La edad adulta media es una etapa donde se entrecruzan múltiples roles: ser padres, pareja, profesionales, cuidadores de los propios padres, entre otras. La frustración aquí a menudo está relacionada con la imposibilidad de cumplir con todas las expectativas que se han impuesto o que el entorno ha impuesto. En mi trabajo con adultos en esta etapa, he observado que la terapia Gestalt es especialmente útil para ayudar a las personas a discernir qué responsabilidades son realmente suyas y cuáles están asumiendo desde un lugar de presión externa. La capacidad de establecer límites claros y aprender a tolerar la frustración que surge de no poder ser «todo para todos» es uno de los mayores retos y, al mismo tiempo, uno de los aprendizajes más liberadores.
Vejez: Pérdida y Adaptación
En la vejez, la frustración a menudo está ligada a la pérdida, ya sea de capacidades físicas, de seres queridos, o de independencia. He tenido la oportunidad de trabajar con personas mayores que expresan frustración al no poder realizar actividades que antes eran cotidianas. Aquí, el trabajo terapéutico se centra en aceptar las limitaciones de manera que no sientan que estas pérdidas les definen, sino que puedan integrar nuevas formas de ser y estar en el mundo. Es un proceso delicado, donde la paciencia y la autocompasión juegan un papel clave.
Reflexión Final
Desde mi perspectiva como terapeuta gestaltista, la frustración no es algo que debamos evitar o eliminar, sino un fenómeno que nos invita a contactar con nuestros límites y deseos más profundos. A lo largo de las distintas etapas de la vida, aprender a gestionar la frustración se convierte en una de las habilidades emocionales más importantes. Mi propio recorrido, tanto personal como profesional, me ha permitido ver que al atravesar la frustración con conciencia y acompañamiento adecuado, las personas pueden acceder a nuevas posibilidades de crecimiento y autorrealización.