Hay textos que no se leen: se respiran. Este poema es uno de ellos. No exige que lo entiendas desde la razón, sino que te detengas un momento y mires alrededor. Y después mires hacia dentro.
Cada ser sigue su naturaleza. El buey come. El río fluye. El pájaro canta. No dudan de lo que son. Y entonces, casi sin decirlo explícitamente, Mary Oliver nos coloca frente a una pregunta incómoda: ¿Y tú?
Vivimos buscando experiencias intensas, respuestas brillantes, grandes revelaciones. Pero el poema insiste en algo distinto: la vida está ocurriendo en lo más simple. En el aire que entra en tus pulmones ahora mismo, en el suelo que pisas, en la piedra que brilla bajo tus pies si te detienes a mirarla.
Hay momentos en los que nos desconectamos tanto de lo que sentimos que dejamos de notar lo esencial. Funcionamos. Cumplimos. Seguimos… Pero no habitamos. Y quizá por eso necesitamos un recordatorio suave: vuelve al cuerpo, a lo que puedes tocar a lo que respiras.
Cuando miramos la vida como algo que simplemente “nos pasa”, nos volvemos espectadores. Cuando empezamos a verla como algo en lo que participamos activamente, cambia la experiencia. Qué diferente sería nuestra forma de vivir si no midiéramos constantemente cuánto damos y cuánto recibimos. Si el gesto mismo de abrirnos fuera suficiente. Nos cuesta enseñar nuestras partes menos luminosas. Queremos estar “bien”, ser fuertes, autosuficientes. Sin embargo, el encuentro real ocurre cuando bajamos las defensas, cuando dejamos que nos vean humanos.
Cambiar no es traicionarse, es crecer. Es permitir que lo vivido nos transforme. Eso es madurar: no endurecerse, sino expandirse. Reconocerte, amarte y cuidarte no es encerrarte en ti. Porque la vida no es solo introspección; es relación e intercambio.
Quizá lo que este poema nos ofrece no es una enseñanza nueva, sino una experiencia: la de recordar que estamos vivos. Que tenemos este día. Tal vez otro. Tal vez algunos más.
Y que mientras tanto, podemos elegir cómo habitarlos.
Con prisa.
O con presencia.
Con miedo.
O con apertura.
La pregunta no es si la belleza existe por alguna razón fabulosa.
La pregunta es si estamos dispuestos a dejarnos tocar por ella.
Y si no es ahora, ¿cuándo?
1.
¿Estará el hambriento buey en la pradera y no comerá
el dulce pasto?
¿Se morderá el búho sus propias alas?
¿Olvidará la alondra elevar su cuerpo en el aire
o se olvidará de cantar?
¿Remontarán los ríos la corriente?
Contemplad, digo, contemplad
la fiabilidad y la forja y las enseñanzas
de este bravo don de la tierra.
2.
Comed pan y entenderéis el consuelo.
Bebed agua y entenderéis el deleite.
Visitad el jardín onde la madreselva coral
abre su cuerpo para los colibrís
que se beben la dulzura, que son
excitantemente glotones.
Pues una cosa lleva a la otra.
Pronto notaréis cómo las piedras brillan bajo los pies.
Con el tiempo las mareas serán vuestros únicos calendarios.
Y el rostro de alguien a quien améis será cual astro
a la vez íntimo y definitivo,
y os mostraréis tan conmovidos como respetuosos.
Y escucharéis al aire mismo, cual amado, susurrar:
oh, dejadme, por un rato largo, entrar en los dos
bellos cuerpos de vuestros pulmones.
3.
El hechizo de la existencia
es mi única conversación
con vosotros, mis queridos.
Todo lo que puedo deciros es lo que sé.
Mirad y mirad una y otra vez.
Este mundo no es solo un fugaz deleite para los ojos.
Es más que huesos.
Es más que la delicada muñeca con su pulso personal.
Es más que el latir de un solo corazón.
Es alabanza.
Es dar hasta que el dar se siento como un recibir.
Tienes una vida, imagínatelo.
Tienes este día, y quizá otro, y quizá
aún otro más.
4.
Algún día voy a preguntar a mi amigo Paulus,
el bailarín, el alfarero,
que me haga un cuenco de mendigo
pues creo que mi alma
bien lo necesita.
Y si me acerco a ti,
a la puerta de tu confortable casa
con ropas sin lavar y uñas sucias,
¿pondrás algo en él?
Quisiera tener esta oportunidad.
Quisiera darte esta oportunidad.
5.
Hacemos una cosa u otra; seguimos igual, o
cambiamos.
Felicidades, si
has cambiado.
6.
Dejadme preguntaros algo.
¿Realmente creéis que la belleza existe por alguna
razón fabulosa?
Y si no habéis sido hechizados por esta aventura,
vuestra vida,
¿qué podría hacerlo?
7.
Lo que yo amaba al principio, creo, era sobre todo a mí misma.
No importa que debiera, pues alguien debía.
Eso fue hace muchos años.
Desde entonces he salido de mis confinamientos,
aunque con dificultad.
Me refiero a los que creía gobernaban mi corazón.
Los expulsé, los eché a la papilla.
De algún modo serán alimento (todo alimenta
de un modo u otro)
Y me he vuelto la criatura de las nubes, y de la esperanza.
Me he vuelto la amiga del enemigo, quienquiera que sea.
Me he vuelto más vieja y, valorando lo aprendido,
me he vuelto más joven.
¿Y por qué me arriesgo a contarte todo esto, que es todo lo que sé?
Ámate. Luego olvídalo. Ama al mundo luego.
– Mary Oliver-